Santiago, RD.
La jornada trazó una ruta
cronológica que inició con la reflexión en el templo del sermón de las siete
palabras y culminó con el caminar penitencial en las calles, conectando el
sacrificio de Cristo con las realidades dolorosas que hoy enfrenta la sociedad
dominicana.
En la Catedral Santiago Apóstol desde el inicio de la tarde de este Viernes Santo se conmemoró el misterio de mayor amor de la historia, ese momento sagrado donde Jesús se entregó voluntariamente a la muerte para redimir los pecados del mundo.
Bajo este marco de entrega y
sacrificio, la jornada trazó una ruta cronológica que inició con la reflexión
en el templo del sermón de las siete palabras y culminó con el caminar
penitencial en las calles, conectando el sacrificio de Cristo con las
realidades dolorosas que hoy enfrenta la sociedad dominicana.
Las siete palabras
La celebración religiosa inició
analizando el legado de Jesús en la cruz. Fue en este escenario donde monseñor
Héctor Rodríguez, presidente del episcopado dominicano y arzobispo de esta
arquidiócesis, lanzó un mensaje contundente, invitando a los fieles a no quedar
atrapados en un rito vacío, sino a mirar de frente las dificultades del
presente.
Rodríguez hizo una observación
crítica sobre la tendencia a idealizar el pasado mientras se ignora el dolor
actual, señalando que muchas veces la fe se limita a la nostalgia histórica.
"A veces nos quedamos
pensando únicamente en las cruces del pasado, en aquel sacrificio de hace dos
mil años, y se nos olvidan las situaciones actuales que nos mantienen en una
cruz hoy en día", explicó.
Instó a la sociedad a identificar
qué es lo que nos "crucifica" en la modernidad, haciendo una mención
dolorosa sobre la violencia de género que azota a la región.
Monseñor lamentó profundamente el
caso de la joven de Sabana Iglesia, quien perdió la vida recientemente a manos
de su expareja, citando este hecho como una de las expresiones más crueles de
las cruces actuales.
"Es momento de nosotros
mirar cuáles son las cruces de este tiempo. La cruz de hoy es la corrupción que
nos roba el bienestar, es la violencia que enluta a nuestras familias, es la
indiferencia ante el que sufre hambre y falta de oportunidades",
manifestó.
Para el arzobispo, el feminicidio
y la inseguridad son llagas abiertas que demuestran la urgencia de una
transformación ética y social, indicando que el sacrificio de Cristo debe mover
a la comunidad a proteger la vida en todas sus formas.
El Viacrucis
Una vez concluidas las
reflexiones en la catedral, y los servicios religiosos, la comunidad se volcó a
las calles para el tradicional Viacrucis que recorrió las calles El Sol,
Restauración, 30 de marzo y otras.
En esta etapa, el sentimiento de dolor y la denuncia expresada en el púlpito se transformaron en un caminar colectivo, donde las catorce estaciones dónde el principal mensaje era que el camino hacia la redención exige compromiso y sacrificio real.
La caminata terminó con un
mensaje de esperanza "el deber del cristiano es trabajar por una sociedad
que apueste por la transparencia, la paz y la dignidad humana".

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